El primero de mil encuentros.

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Mensaje por Xanxus el Dom Mayo 08, 2011 8:50 pm

¿Cuanto tiempo llevaría trabajando ya en ese lugar...? No estaba seguro, unas cuantas semanas ... Indudable, pero máximo un mes, tampoco era algo muy extenso ... pero había sido tiempo suficiente para que el demonio cayera en cuenta que no se iría de allí en unos meses, incluso años. El trabajo era bastante fácil y la lúgubre naturaleza del establecimiento hacia que se sintiera como en casa, pues para el ese manicomio era como un trozo de infierno levantado en tierras mortales, y era sabido que muchos pacientes estarían de acuerdo con el, junto con cualquier otro humano que viera como era en realidad el día a día que sufrían los internos ... las paredes del manicomio ahogaban bien las penas, lamentos y sollozos de las victimas, aislándolas del resto del mundo que seguía su ingenuo y normal curso. Pero al final, lo mejor de todo era la manera en que podía aprovechar su enfermiza y despiadada "profesión"; deleitándose, por medio del abuso, de los pacientes mas nuevos que llegaban en los últimos días a ese Tártaro ornamentado, aquellos que apenas llevaban unas escasas horas y en algunos casos estaban totalmente sanos mentalmente, pero con tanto loco alrededor se terminaban corrompiendo solos.

Era un sutil menú, si se consideraba que podía tener al que quisiera con tan solo hojear su respectivo expediente y pedir que se lo trajeran para algunas "pruebas". Durante su permanencia, había tratado con algunos mas frágiles que otros, "basura aburrida" como el los llamaba, escorias que se quebraban fácil y rogaban por su vida al primer golpe eléctrico o se orinaban encima al leer "Sala de Electrochoques". En todo caso, tenia estrictas ordenes de mantenerlos vivos, una pena pues siempre había querido ver los limites del cuerpo humano. Sin embargo, desde hace unos días lo que realmente quería era un interno salvaje y descontrolado, que soportara, que le insultara y no se dejase domar con facilidad, un desafió...

-Ojala hoy...- dijo en un susurro, contemplando el desorden de papeles que tenia sobre el escritorio y lanzando otra carpeta al montón. Quizás era mucho pedir alguien con una resistencia que pudiera tolerar los sádicos tratamientos que el solía dar, mas aun si se consideraba que solo recibía humanos. Al final ,igualmente se entretenía con quien le trajeran, pero le gustaría variar, después de todo a nadie le agradaba la monotonía. Frunció el ceño con fuerza al no dar con lo que quería y con un fuerte manotazo aparto gran cantidad de papeles que reposaban sobre la mesa, cayendo luego al piso. Pero entonces como una maldita aguja perdida en un pajar, de entre el nuevo desorden de hojas creado, apareció una carpeta que capto enseguida la atención del demonio. Hubo una pequeña pausa.

-Hmm...- estiro el brazo y se encorvo un poco para coger la carpeta, que hojeo con detenimiento, leyendo el contenido, analítico. De la foto de ese paciente pudo identificar al instante su llamativo pelo albino, las facciones algo delicadas que pasaban algo desapercibidas por esa salvaje mirada que reunía lo que estaba buscando. Una minúscula sonrisa se le dibujo, maliciosa y con las peores intenciones. Ese tenia que ser al que buscaba.

Ordeno los papeles, hojeando ya por tercera vez la carpeta. Se dirigió a la helada camilla de metal en la que sometería a su victima, inmovilizándole con esas tensas y gruesas correas. A un lado de esta había una esterilizada bandeja metálica con instrumentos que intimidaban con nada mas mirarlos, la gran mayoría siendo corto-punzantes. El equipo e instrumentaría que tenia para reducir a los internos era extenso, también estando la maquina de electrochoques con la que podía dar una buena sacudida al sometido, lentamente quebrando y destruyendo todo el control que tuvieran sobre ellos mismos. Ya visualizaba esa dura y rígida expresión del albino desfigurándose de a poco y convirtiéndose en una lastimada y suplicante, rogando porque se detuviera.

Una vez que había preparado todo, llamo a uno de sus ayudantes y mostró el expediente del afortunado. -Tráemelo- ordeno, a lo que el contrario asintió y sin decirse mas llamo a un similar. Algo le decía que no bastaría con un par de hombres. Se sentó a esperar a que el par de lacayos le trajeran al humano. -Superbi Squalo ...- pronuncio su nombre en un tétrico susurrar, al tiempo que acariciaba un afilado y brillante bisturí.
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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Superbi Squalo el Lun Mayo 09, 2011 3:12 am

Tranquilo. Ese término no podría usarse en él. Definitivamente no podría ser un sinónimo usable en alguien como aquel estridente peliblanco. Se paseaba de un lado a otro mientras sus insultos en italiano iban con él. Las paredes, la cama, sabanas, pacientes, no importa quién, cualquier cosa era objeto de sus insultos. Pues, como no, después de todo, estaba encerrado en ese lugar lleno de débiles y enfermos, putos locos que no hacían más que darse cabezazos contra las paredes, quizás esperando que así sus ideas encontrasen rumbo. Algo imposible y bien lo sabia el que alguna vez intento sacar información de un tipo azotándolo contra el piso. De cualquier manera se sentía molesto, estresado e incapaz de quedarse quieto. Aun tenía que irse de aquel lugar. Quería volver a cumplir con la que llamaba su profesión o como mínimo terminar nuevamente en prisión. Podía pelearse sin importarle el castigo. Era más divertido así.

Salió rápidamente de la habitación con algo de enojo, necesitaba algo para hacer. Ta vez se las daría de matón con algún loco o simplemente daría vueltas y vueltas en busca de algún tipo de entretención temporal. Seguramente algo interesante saldría y si no, pues siempre podría salir y tirarse en el jardín a dormir la siesta o algo parecido, en estos momentos hasta rodar le parecía más atractivo que estar en esa habitación. No era la mejor opción pero si una de las más posible dentro de ese apestosos lugar; muchas reglas, mucho loco, poco aire para respirar. Escupió hacia un lado mientras que caminaba con las manos en sus bolsillos. Su blanca cabellera danzaba suavemente a medida que avanzaba y su fría y agria mirada se perdía con soberbia en el camino. Y cuando estuvo solo a unos pasos de la puerta que daba al jardín un par de idiotas, trabajadores de ese lugar, se interpusieron. Alzo una ceja mirándoles con desafío, perras del puto hospital.

- ¿Qué mierda quieren? Nadie dijo que no podía salir a su mal cuidado jardín – Pronuncio apretando los dientes al ver que no tenían planeado moverse. Por el contrario, venían con la intención de llevarlo frente a un doctor, ¿Cuándo entenderían que no necesitaba la ayuda de esos médicos de cuarta? Además, como si con decirlo sería suficiente para hacerlo caminar como si fuera un obediente cordero – ¡Muévanse, basuras! – Se apresuro para pasar sobre ellos si era necesario, pero las sabandijas se le había colgado a los brazos para jalarlo al lugar donde se encontraba el dichoso doctor - ¡¡Voooooiiiiiii!! – Grito buscando como aferrarse para que los locos eso no se lo llevaran. Supuso que tendría que darles una paliza.

Pataleo, les golpeo e incluso los mordió, pero esas ratas no se rendían. A uno le rompió la nariz, a otro el pulgar y el meñique de ambas manos y aun así seguían llevándolo. ¿Acaso le temían al doctor? Quién sabe, pero eso era lo que se le ocurría al ver tal insistencia. Putas sabandijas, ni al subir lo soltaron. Les obligo a detenerse varias veces mientras gritaba cuanto insulto podía, les golpeo varias veces y a uno lo hizo caer y aun así continuaban llevándolo a rastras.

- ¡¡¡Vooooooiiiiii!! ¡¡Malditas Perras!! ¡¡Suéltenme!! ¡¡Os he dicho que me soltaraaaaaaaaaaaaaaaan!! – Y dejaron de caminar. Se detuvieron frente a la sala de Electrochoques, ni siquiera sabia que aun se implantaba ese tipo de terapia y no creía tener que necesitarla, aun no estaba tan mal, según él, claro.

Miró el nerviosismo en los ojos de aquellos sujetos, como si con estar cerca de aquel lugar corrieran peligro. ¿Qué clase de medico infundiría tal temor? Escupió en la puerta, no tenía idea de quién era pero no le temía, no le temía a nada, él no sería la excepción. Pero seamos sinceros, ni siquiera podía imaginar que pasaría cuando le dejaran con el doctor.

Uno de ellos golpeo a la puerta con suavidad antes de anunciarse y avisar que habían llegado con el interno pedido. Abriendo la puerta y de un empujón lo hicieron entrar. Les miro con odio para poder ver el temor en sus ojos, se fueron con rapidez del lugar. No tenia caso gritarles desde ahí, pero algo le era más que claro. Tropezaría con ellos en algún momento y cuando eso pasara los mataría a golpes. Miro hacia el interior. Un pelinegro estaba ahí. Cerro los puños y camino un par de pasos más, mirando desafiante al de ojos rojos.
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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Xanxus el Dom Mayo 15, 2011 2:58 am

Tal y como lo había pensado inicialmente, debían de estar teniendo serios problemas con el traslado de su pedido, pues ya habían tardado mas de los cinco habituales minutos en traer al interno, algo que ya era una rutina de cada día. Pero sabia que no tardarían mas de otros cinco minutos en aparecerse allí y dejarle con su victima a solas, pues sino la recompensa de su incompetente demora seria peor que cualquier daño físico que les dejara la resistencia del peliblanco. Era sabido entre los de menor rango que servían al doctor, que si este ordenaba algo y no era obedecido, o lo que quería no era conseguido, un moretón seria lo mas leve que le dejaría al inútil que oso fallarle. Mas de uno de sus ayudantes tenia que tener algún moretón o hematoma en la cara, en los peores casos no estaban allí ... pero seguían vos claro, si no le dejaban matar a los inútiles internos mucho menos podría acabar con la frágil vida de aquellos lacayos que le servían. Al principio era difícil cumplir esa orden, pues se impuso como siempre lo hacia entre los demás y aunque no se les podía culpar por ser ta estúpidos y no adecuarse a su manera de trabajar, el lo hacia de todos modos. No paso mas de una semana para que se adaptaran al fin y la "Tasa de Incompetencia" bajara de forma exponencial.

Con la vista pegada al reloj, también metálico, que reposaba colgado en el muro, decidió usar esos últimos minutos para tomar unas inusuales precauciones nada mas por si acaso, no le asustaba en lo mas mínimo a quien le traían, por algo había solicitado que se lo trajeran, pero resultaba que si era tan salvaje como suponía que era, si veía algún bisturí o herramienta similar, aprovecharía para alargar y complicar mas las cosas para el ansioso demonio, que ya tenia prisa por quebrantar de mil maneras la temple del tal Superbi Squalo, cuya problemática instancia tan corta le había captado la atención con rapidez. Quería someterlo lentamente, aprovechando cuanto pudiera esa enorme agresividad. Una vez que había guardado todo, cogió una única herramienta, que había añadido personalmente a su arsenal; una simple correa de cuero, bastante tensa.

Cuando iba a revisar la renombrada maquina de electrochoques, pudo oír del otro lado de la puerta un alboroto de sonoridad poco frecuente, el albino estaba armando un lió de proporciones enormes, esto no hizo mas que sacarle otra sonrisa discreta. Esperaba que no le defraudara, ya había sonreído un par de veces, muchas para ser solo una semana. Escucho mas golpeteos e insultos que seguro provenían del tan esperado. Todo iba bien, había encontrado como romper su monotonía, y su hallazgo ya estaba del otro lado del muro, y encima no tendría que desquitarse a golpes con nadie por alguna incompetencia (En parte porque el otro les había dado una paliza ya). Pensó si abrir la puerta o no, pero en nada el contrario entro arrojado y la puerta se cerro con un fuerte y temeroso estruendo. Este en nada se le acerco como para encararlo y obligatoriamente bajo un poco su sanguinaria mirada para cruzara con la de el, tan desafiante como la suya, pero el conocía bien que rol cumplía cada uno. Sabia que el típico juego psicológico que tenia con los internos no resultaría con este, así que lo desecho como táctica enseguida. Con la mirada fija en el, pero ya no en sus ojos, comenzó a caminar a su alrededor con paso firme.

-Así que tu eres- partió, manteniendo su semblante autoritario y rígido, con la correa enrollada en su mano. -Te aviso de antemano que aquí mando yo, y que no estas aquí para una evaluación o lo que sea que te hayan dicho, posiblemente ni te dijeran algo ... Como sea, lo único que tu tienes que entender es que me divertiré contigo y espero que obedezcas como la basura que eres.- Pero quería de sobremanera que el opuesto hiciera todo lo contrario y mostrara una deleitante resistencia y oposición contra sus maniobras, y de lo primero de lo que tendría que librarse seria de la famosa correa.

Al terminar de caminar, quedo a la espalda y visualizo su vulnerable y expuesta nuca. En un rápido movimiento desenrollo el utensilio y con otro movimiento por parte de su brazo atrapado el cuello ajeno en su totalidad. Al ver su objetivo conseguido, jalo con fuerza desmedida con la misma mano que le mantenía sujeto y súbitamente comenzó una lenta asfixia en la garganta contaría, mientras el inexpresivo verdugo miraba complacido.

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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Superbi Squalo el Vie Jun 17, 2011 9:00 pm

Putos enfermeros de mierda, ¿Acaso no tenían a nadie más a quien joder?

Ya de nada le servía pensar en eso, después de todo ya estaba ahí, en la oficina del doctor que había interrumpido sus planes poco calculados (por no decir improvisados), tal vez si se hubiese dado prisa, ahora estaría en el jardín descansando de tanto loco o hasta saltando la pared que lo separaba de la libertad, hasta ir a prisión nuevamente (que por cierto no le significaba molestia alguna).

El tipo era un poco más alto que el albino, su mirada era fría y hasta sanguinaria y el carmín de sus ojos resaltaba más que cualquier cosa, además de afirmar ciertas teorías que venían a su mente en cosa de instantes. Su morena piel y varias cicatrices de quemaduras. Daba la impresión de ser un psicópata oculto bajo la fachada de doctor. De esos que en cualquier momento atacaría a sus pacientes en busca de una supuesta revancha o venganza personal, idea ocasionada por la simple paranoia que atormentaba su mente, como salido de película de “terror”. Hasta pensó en un fiel estereotipo de asesino. Le recordó a los mucho que conoció con esa aura, despidiendo olor a muerte en todas direcciones, el mismo tenía ese tipo de olor pegado al cuerpo. Sangre y muerte, era lo que recordaba mejor, toda su vida se había “entregado” a ese oficio que tanto le gustaba, no podrían mentirle. Este hombre sería capaz y sin pestañear. Su manera altiva y autoritaria para moverse era clave en muchas cosas, entre ellas, el saber si tenía una pisca de arrepentimiento o piedad para con otros. Seguramente este tipo no la conocía.

- Malditas sean esas putas que tienes trabajando – Pronunció irritado mirando la sala con cautela. La maquina estaba ahí. No le aterraba recibir los choques pero no sabía qué consecuencias tendría con esa mano suya. Le preocupada un comino si a la maquina o al mismo psiquiátrico le pasaba algo, pero esa mano… sería difícil repararla si se estropeaba. Incluso cuando el doctor comenzó a hablar o a caminar no le prestó mayor atención a sus palabras. La puta sala tenia captada aun más su atención, eso, debido a lo que le podría pasar en ese lugar. Por desgracia lo golpes no fueron suficiente para evitar llegar a este sitio. Para una próxima ocasión les rompería las piernas a esos desgraciados - ¿Para qué me llamaste, “Doctor”? – Pronuncio con cierto recelo, con el ceño fruncido, fijando la mirada en los movimientos que el moreno daba.

La respuesta se volvió más obvia cada vez, no solo sus palabras lo describieron, sus acciones fueron decisivas. Fue solo cosa de segundo para que las acciones del moreno concretaran en un intento de asfixia. Claro, confiado no había notado sus rápidos movimientos y cuando lo hizo ya era tarde. La correa al cuello comenzaba a cortar el paso respiratorio. ¿Qué clase de doctor era este? No era posible que un doctor de un psiquiátrico tuviera semejante velocidad… Pensarlo no le ayudaría en nada, después de todo, debía preocuparse de salir de esa y matar a ese infeliz.

De alguna manera y lastimando un poco su cuello logro poner sus dedos entre su cuello y correa, comenzó a emplear fuerza para de alguna manera alejarla y darle un respiro, que si necesitaba.

- ¡M-Maldito! – Pronuncio con el poco aire que tenia, buscando desesperadamente obtener un bocado más, que le permitiera seguir con vida.

Guardo un gran bocado, apoyo su mano en el suelo y con ella soporto el peso de su cuerpo, el que se levantaba para poder darle una patada directo en la cara al moreno. ¿Quería jugar? Ya verían que tanto le gustarían los juegos cuando el albino lo moliera a golpes.

O eso era lo que pensaba en aquellos instantes.
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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Xanxus el Jue Jul 14, 2011 6:29 am

El despiadado juego había ya dado comienzo, un momento de recreación sádica y cruel a la vieja usanza, con la que el moreno se embelesaba más que nadie, controlando hasta el último factor y elemento, pues esa era toda la mecánica de dicho juego, cuya única regla era seguir al pie de la letra las instrucciones o deseos del perverso demonio, asimismo dejándose hacer sin quejas ni reclamos si no se deseaba que el sufrimiento experimentado aumentara. Siempre había aplicado esta dolorosa metódica a los desgraciados internos, pues vamos ¿Qué individuo tenía las condiciones de llevarle la contraria? Perpetuamente mortificaba humanos de todo tipo, débiles de físico, frágiles de mente, algunos dotados con mejor resistencia física, también a los internos de mayor demencia, los más peligrosos e insanos. Y aun habiendo probado desde el más cuerdo, hasta al asesino más retorcido y trastornado, no había hallado alguien que no cediera ante él, requería de alguien similar a su persona, que se le resistiera y contradijera, un asesino de verdad, casi tan despiadado como únicamente el podía ser, un individuo cuya vida desde sus inicios hubiera sido vil y oscura, uno carente de compasión… pero no se podía esperar hallar tal entidad. Entre más fiero, desalmado, cruel y rebelde pudiera llegar a ser este peculiar albino, más exquisita resultaría la experiencia. Si este pedazo de basura lograba hacer al doctor entregar un mayor esfuerzo a la clásica y monótona metódica, podría significar el concederle el honor de programar otra visita.
Sin embargo, hasta el momento, nada fuera de lo común. Continuaba jalando con descomunal potencia la correa de cuero, hallándose esta tirante y sin aspecto de debilitar esta rigidez que gradualmente estrangulaba su cuello, contrayéndole la tráquea al interno. Una escena que antes solía complacerle, mas ahora le aburría. Su cuerpo cayo, así como empezaron a menguar las esperanzas del supuesto medico al ver como nada anormal a la rutina ocurría. Cerró ambos parpados, gruñendo para sus adentros. Ese fue el único error que cometería.
Al tener la vista cegada a cuenta propia, no advirtió la patada realizada por el paciente, la cual dio de lleno en su rostro con imprevista fuerza e hizo que su cabeza girara con brusquedad, terminando por soltar la correa. Su pesado cuerpo fue a dar con una mesa móvil de utensilios, derribándola y luego cayendo al piso, del cual no tardo en alzarse con una sonrisa torcida, volteando a ver al peliplata. -No me equivoque…- susurro satisfecho, pues por fin las cosas empezaban a volverme más interesantes.
Aprovechando que aun no se recuperaba del todo, tomo al contrario de la nuca, enredando sus dedos en la larga y clara cabellera. –Veamos que puedes hacer inmóvil, escoria- tras la frase, estrello la cabeza de Squalo directo contra el piso, repitiendo la acción para aturdirle y luego, casi a rastras, acercarlo a la camilla. Lo lanzo sobre esta sin mucho esfuerzo. Dio un codazo a su estomago para asegurarse de que no se moviera mientras, con una destreza adquirida de la rutina, inmovilizaba el cuerpo de su víctima con las gruesas correas, aprisionándolo, empezando por su torso, prosiguiendo después con tobillos y muñecas. Con un suspiro algo cansino, sacudió su cabeza aun dolida por la patada, observando a su presa. Usualmente sus torturados lucían más que vulnerables y débiles con ese aspecto, reducidos por las malas, pero aun en ese escenario, el lucia tan salvaje como lo había bienvenido hace minutos nada más. Su sonrisa se torno algo más tétrica y menos sutil a lo habitual, ansioso de ver con que sorpresas le saldría su especial sujeto de pruebas.
-Empecemos- recito, anunciando la partida, moviendo unas perillas y apretando un par botones de la maquina, alistándola y regulando su potencia. Se podía oír funcionar el aparato, la cual emitía un ruido constante. Sin demora, alcanzo ambos electrodos de la maquina, y tras empuñarlos oprimió el botón de estos y unas pequeñas chispas saltaron desde su base metálica. -¿Listo?- pregunto con sarcasmo, pues nadie jamás estaba listo para una sesión con Xanxus.
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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Superbi Squalo el Sáb Oct 01, 2011 4:27 am

Todo le daba vuelta y ni cuenta se había dado; era, únicamente, por su descuido, de esos que te cuestan la libertad o incluso la vida. Un error garrafal que no podría ser perdonado, menos para un asesino como él. Que idiota se estaba poniendo en esta mierda de hospital psiquiátrico. Debería haber seguido en prisión o mejor aún, libre.

Pasó toda la vida criándose solo para matar, disfrutándolo y haciéndolo sin ningún error y ahora, solo por un poco de aire, había caído presa de ese “doctor” demente. Claro, después de haberse librado de la asfixia que el pelinegro estaba provocando lo más obvio era recuperar aunque sea una pequeña cuota de oxigeno pero no esperaba que después de esa patada se pusiera de pie tan pronto, había calculado a lo menos un minutos más, suficiente para respirar y largarse, pero no sucedió así. Lo siguiente, fue su cabeza dando de lleno contra el piso. Los fuertes golpes le revolvían todo, la sangre caía por su rostro y él perdía un tanto de conciencia, era de esperarse después de tanto golpe, ni siquiera alguien con sus cualidades podría quedar sin daño.

Aunque pensaba seguir luchando, el golpe en el estomago le dejo sin aire, nuevamente. Su cerebro, aturdido con tanto golpe, aun no terminaba de reaccionar gracias a la escases de aire. Maldito doctor de mierda, ¿Qué mierda pretendía? ¿Cómo contrataban a un loco para cuidar de otros locos? Este psiquiátrico era un revoltijo y parecía que nadie planeaba arreglarlo. ¿Qué escondían todos en este lugar? No se negó a quedar atado ni nada de eso, aun no, aun no era el momento, quizás lo siguiente dolería más que la mierda, pero primero necesitaba recuperar oxigeno, era lo más importante; luego, lo molería a golpes. Definitivamente lo molería a golpes, por engreído, por golpearlo, por amarrarlo y simplemente por estar ahí. Lo primero que haría sería matar a ese bastardo. Puto doctor.

Tenía el entrecejo fruncido y respiraba con lentitud, llenando nuevamente sus pulmones. Ya estaba atado a esa camilla. Morderse los labios seria poco para no gritar, sabía que no había nada más molesto y doloroso que recibir una carga eléctrica. Los cortes o las balas eran cosa de niñas en comparación a una onda que no solo paraliza el cuerpo, lo quema y hasta podría dejar sin funcionamiento. Tenía que hacer algo, rápido, o terminaría achicharrado y esa, definitivamente, no era una opción para él.

- Que molesto Doctor eres, basura - Hablo más bajo que de costumbre. Pronto volvería a andar con gritos, como de costumbre. Solo era cosa de esperar un par de minutos mas – Enciéndela, estoy listo – Respondió casi desafiando al moreno con esas palabras. Sonriendo confiado y con soberbia. Mentiras o no, no permitiría que esta basura le humillara.

Era cosa de locos, ¿No? Achicharrado o no, no permitiría que nadie se sintiera más grande que él. NADIE podía ser mejor que él.
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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Xanxus el Lun Oct 10, 2011 9:10 pm

Más y más sorpresas, simplemente perfecto, todos adoran las sorpresas… Incluso Xanxus.
No era una frase retorica o sarcástica, era la purísima realidad, sinceramente era perfecto y sorprendente como un simple humano mortal de plateada cabellera pudiera quebrar su esquema tradicional de trabajo con tanta facilidad y naturalidad. Atribuyo tal talento contrario a su fiereza congénita, descontrolada, que chocaba contra la misma propia, ambas tan dominantes y subyugadoras entre sí, era combatir un elemento con el mismo, provocando una temible y caótica reacción, volátil como ninguna, pero que Xanxus conocía como tratar.
Su rojiza mirada brillaba intensamente producto de la conmoción del momento, tras el previo forcejeo su ritmo cardiaco se disparo por la adrenalina y su respiración se acelero un poco por sobre lo normal. Pero ya había sobrellevado varias veces la entrada de tan frecuente merienda que era la tortura hacia los internos ejercida por su demoniaca persona, una comida deleitante, necesaria para su dieta. Dicho brillo sugeriría al albino que algo iba mal con él, en su humanidad, o que carecía de esta, pero no importaba, los humanos eran la sometida minoría de aquella fortaleza de demente insania, donde reinaban las razas oscuras como la suya. No se llevaba bien con todos, pero valía soportar a la escoria con experiencias así…
-Veamos que puedo sacar de ti, pequeña escoria- dijo mientras recorría su figura con los escarlatas luceros al rabioso mortal, que le gritaba e insultaba como el animal que era, pero tal grupo alojaba también a Xanxus, pues eso eran; un par de animales, feroces carnívoros sedientos de sangre con la muerte grabada en la mirada, peleando el uno con el otro.
Como si obedeciera al inquieto paciente, comenzó a recalibrar la maquina, moviendo rápidamente los botones y oprimiendo los otros, aumentando la corriente por sobre la que era considerada segura para la primera descarga, pero seguramente Squalo podría lidiar con todo ello, sino el imponente pelinegro se decepcionaría bastante y toda la fiereza mostrada seria una simple mascara. Tampoco es como si fuera a matarle, lo necesitaba vivo para fijar mas sesiones, si es que las merecía…
-Desearas no haberlo pedido, sabandija- susurro mientras una sonrisa torcida aparecía con sutileza en sus labios, y amenazaba con ampliarse, pero debía contener su sádica emoción por el momento. Cogió el par de electrodos que emitían un sonido eléctrico, cual perduraba en la atmosfera, como una latente amenaza preparada y cargada para dispararse a través de todo el sistema nervioso contrario, estremeciendo en una ardorosa sensación cada rincón de su organismo entero.
Desnudo su torso arrancando las prendas habituales del manicomio, desgarrando la tela con un leve tirón de su robusta mano y apartando cualquier resto. Referida mano, se poso sobre el descubierto tórax y lo recorrió con las yemas de los dedos, palpando la carne fresca, previa a la lacerante cocción.Tuvo que contener más su sonrisa.
Sin aviso y más rodeos, poso sobre mencionada área ambos electrodos y gatillo estos, liberando la sonora descarga en su cuerpo.
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Re: El primero de mil encuentros.

Mensaje por Superbi Squalo el Mar Ene 10, 2012 1:07 am

Solo era cosa de un par de minutos, ya lo veía venir de manera grafica. Y si, se lo merecía. Su soberbia y altanera naturaleza le obligaba e incitaba a actuar más que pensar; entonces, lo hacía, actuaba según lo a meritaba la situación, sin pensar en consecuencias. Quizás por eso mismo había cometido el error que lo llevo a prisión, por eso mismo estaba en este “sanatorio”, como consecuencia, estaba aquí, atado y pasos de ser una salchicha viviente.

Apretó sus puños con fuerza y sin hacerse esperar más, las cargas eléctricas, accionadas por el contrario, comenzaron a esparcirse por todo su cuerpo. La estruendosa maquina llenaba de ruido la habitación. Cerró la boca y apretó su dentadura con fuerza, dejándola ver después de un rato. No planeaba darle en el gusto al otro. Los únicos gritos que escucharía, serian los que daría intencionalmente, llenándole de insultos al muy hijo de puta. ¿Gritos de Dolor? Pff eso se lo dejaba los locos.

Sentía perfectamente el paso de las corrientes eléctricas por su cuerpo, quemándole. Solo es un castigo menor, se repetía constantemente cerrando los ojos con fuerza. No caeré ante esta basura, pensaba mientras su cuerpo se ponía rígido, tenso. Arqueó su espalda, alzándola un par de centímetros sobre la superficie de la “camilla” en la que se encontraba. Pensaba que cuando esto terminara se vengaría del contrario. Conocería la “vendetta” que los italianos como él sabían aplicar. Pero ni el mismo estaba seguro de si las posibilidades le jugarían a favor en algún momento. El albino, quizás, estaba muy lejos de completar algo de eso.

Después de unos segundos con la maquina encendida, aun con la electricidad corriendo a lo largo de su cuerpo, sonrió. Una enorme sonrisa se había dibujado en su rostro; era altiva y desafiante, como si tratara de decir al contrario que estaba frente al gran SUPERBI SQUALO y definitivamente no era parecido ni igual a ninguna otra bazofia sobre la faz de la tierra, era, por mucho, mejor que cualquiera de las mierdas que encuentras ocupando aire. Abrió los ojos y le dedicó una mirada idéntica al doctor. Ni siquiera sospechaba los verdaderos fines del moreno, pero no importaba. Él había nacido y crecido como asesino, para sobrevivir a todo. Esto no sería la excepción al caso. No se quedaría ahí de brazos cruzados, solo un poco mas y atravesaría la cabeza de ese infeliz. Planeaba sacarle los sesos y lanzarlos por la ventana.
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