24 horas, Sis

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Mensaje por Kanade Hono el Sáb Abr 30, 2011 12:04 am

El piso, un ático sin mucha luz, no estaba mal después de todo, ni siquiera había ido a
verlo cuando lo alquiló. Quería intimidad, un lugar alejado de conocidos, bien
silencioso y desamparado. La avenida Blackbirds era el lugar perfecto, pues las
costosas edificaciones de la misma veían reducido su costo por la calaña
indeseable que rondaba sus calles. Calaña indeseable con los bolsillos bien
llenos, claro estaba. Era un lugar por el que era mejor no andar de noche a
solas… ni acompañado tampoco. Las calles parecían desiertas mientras una neblina
en el horizonte le daba aún más ese aspecto desolado y lúgubre que tanto le
gustaban a los ojos que observaban a través de la ventana del dormitorio.



El cristal estaba frío y algo empañado por la temperatura de afuera. Adentro sin embargo
hacía un agradable calor, pues en la chimenea del salón crepitaba un fuego que
se llegaba a sentir desde esa habitación donde se encontraba. Sin embargo,
Samael, que ahora se hacía llamar Kanade, estaba más interesado en el frío y en
el exterior triste y lóbrego más que en la oscuridad de su cuarto. Le gustaban
los árboles desnudos y nudosos que había fuera, en cuyas ramas descansaban
muchísimos cuervos negros que se oían graznar de vez en cuando desde allí.
Supuso que el nombre de la avenida le venía más que perfecto por ello, pero,
igualmente, había otra cosa que le interesaba más aún que los árboles y el
paisaje desolador.



Miró su reloj. Las 19:45. Volvió de nuevo a mirar por la ventana, concretamente a la
carretera. Cinco minutos después, un caro coche negro de cristales tintados
aparecía por ella, para detenerse justo en la puerta del edificio. Sus pupilas
se afilaron progresivamente y una sonrisa malévola y sádica creció en su
aniñado rostro.



“Ya está aquí mi… mascota”


Por lo que cerró la cortina mientras se encaminaba al salón, para esperar sentado
cómodamente a que dejasen su encargo en la puerta y se marchase en coche.
Observó la puerta desde su posición, pues el pasillo del recibidor se veía
desde la entrada del salón, expectante ante la llegada inminente de su encargo,
el cual debía de llegar hasta allí de un momento a otro como se había acordado.



Ah, ya casi podía oler su inocente virginidad…
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Re: 24 horas, Sis

Mensaje por Sisyphus el Lun Mayo 02, 2011 11:18 pm

Aquella tarde Sisyphus, no bien había salido de bañarse, tuvo a un par de enfermeros entrando en su cuarto con gran escándalo. Y tras “divertirse” un rato con él –es decir, tras haberlo golpeado hasta el cansancio –se retiraron, no sin avisarle que tenía que estar listo y “presentable” para las seis y media. Con apenas diez minutos de tiempo, el castaño limpió sus heridas con calma y cuidado; retirando los rastros de sangre de su cabeza, nariz y labio. El estómago le dolía terriblemente, por las patadas recibidas, pero hizo el enorme esfuerzo de limpiar la sangre. No entendía para qué tenía que arreglarse tanto, pero encontró en su cama un bonito traje negro, aunque lo que le extrañó de asunto es que por más que revolvió los cajones no encontró su ropa interior.

Resignado a eso, colocó la ropa sobre su fino cuerpo, con suavidad también. Con tres minutos de ventaja, entró de nuevo al baño y colocó sobre su labio una pequeña vendita blanca, mientras cepillaba su hermoso cabello con un viejo cepillo que había encontrado. Su primer día en ese lugar le resultaba… extraño. Nunca había estado en ninguno otro, salvo en una mansión cuyos pasadizos guiaban a otros..además que allí tenía prohibido salir. Cerró los ojos un momento, suspirando… y de pronto se vio arrastrado lejos de la habitación con mucha fuerza siendo ejercida en sus hebras, pero tampoco se quejó. Caminó lo más rápido que pudo, hasta que fue aventado en un coche y la puerta cerrada. Se terminó de acomodar la ropa, mirando el suelo del automóvil. Escuchó cómo entraba el conductor y luego cómo arrancaban. Tenía curiosidad por saber a dónde irían; pero no preguntó. No estaba autorizado.

No apreció el paisaje que recorrieron, siempre mantuvo la mirada baja, así que no se percató del momento en el que entraron a ese paisaje desolado, donde caía nieve y donde los desnudos árboles tenían sobre sus ramas cuervos tan negros como la noche que graznaban fuertemente. El castaño sintió el coche detenerse y antes de que pudiera decir algo –no es que fuera a hacerlo –se vio tirado de nuevo hacia afuera, jalado por el brazo, hasta que llegaron a una puerta grande y oscura; después de haber sido literalmente arrastrado por el sendero de nieve. En el camino se torció el pie, pero tampoco se quejó ni nada, simplemente aguantó el dolor y se quedó un poco perplejo cuando el conductor del automóvil tocó la puerta y dejó en las manos del griego un papel amarillo, cuyo contenido no se atrevió a leer, aunque de haberlo hecho, se hubiera topado con su ficha de ingreso y uno que otro dato relevante.

Escuchó los pasos del otro retroceder, hasta que el motor arrancó y el sonido se perdió en la lejanía. El castaño miró la puerta con algo de ansiedad, pero bajó la mirada de nuevo. No entendía muy bien qué era lo que hacía allí, parado en mitad de la ¿nada?, con frío. Los dientes le castañeaban, pero hacía un sobrehumano esfuerzo por no temblar, cosa que era un tanto imposible. Suspiró dentro de su mente, preguntándose porqué alguien se había tomado la molestia de ir a dejarlo allí.
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Re: 24 horas, Sis

Mensaje por Kanade Hono el Vie Mayo 06, 2011 9:23 pm

- Coge el ascensor y sube hasta el ático - sonó la voz firme y seca de Kanade a través del interfono del portero automático junto al que se encontraba su recién llegada mascota -. Dirígete a la puerta C cuando llegues y espera instrucciones, Sisyphus.

No se movió ni un ápice de su lugar de espera, simplemente se había limitado a sentir al otro y usar su poder demoniaco para hacerle saber lo que hacer, esperando que fuese obedecido como tenía entendido que haría. Por lo que se concentró en seguir su presencia y su olor. Arrugó la nariz. Sangre. ¿Le traían un cachorro herido? Y luego el vendedor le decía que debía tratar con cariño a su mascota, qué ironía... Más les valía no echarle en cara nada al devolverlo, ya el simple hecho de que no viniera en perfecto estado le parecía una falta de consideración y bien hacer, no sabía en qué estaba pensando cuando decidió entrar a ese manicomio...

Su atención se pasó a la puerta principal, la cual podía observar al final del pasillo que llevaba al recibidor desde su asiento en el sillón frente a la entrada del salón. En cuanto sintió la presencia que debía estar allí, hizo un leve gesto con la mano en la que no apoyaba su rostro con el codo en el brazo del asiento, haciendo que la puerta se abriera y mostrase al nuevo inquilino ocasional del piso. Dejó caer esa mano entonces en el otro brazo del sillón y le clavó los ojos fríos e inexpresivos. Sus pupilas se afilaron, el olor se le metía en la nariz hasta llegarle a las entrañas.

- Entra - le ordenó con voz firme y tranquila -, dame lo que tienes en tus manos y toma asiento - le indicó otro sillón junto a la puerta del salón, enfrente del suyo.

Hizo un leve gesto con la mano sin moverla del sillón, para que la puerta se cerrase cuando entrara el otro y encendiendo a su paso de repente todas las velas que había apagadas a lo largo de los muebles del pasillo y en el salón, pues esas eran las únicas iluminaciones junto a la de la llama de la chimenea que había en el piso en ese momento.
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Re: 24 horas, Sis

Mensaje por Sisyphus el Dom Mayo 08, 2011 6:57 pm

El castaño escuchó una voz firme del otro lado que le daba indicaciones. “Coge el ascensor y sube hasta el ático. Dirígete a la puerta C cuando llegues y espera instrucciones Sisyphus” –se estremeció con suavidad, primero por el frío de ambiente y luego por la voz del chico. Su voz era…demandante, fría y le pareció que llevaba un matiz de agresividad, además que lo sorprendió mucho que aquel extraño conociera su nombre. Un escalofrío le recorrió toda la espina dorsal debido a eso, puesto que dicha acción no le agradaba del todo, pero suprimió tal pensamiento y cerró los ojos, asintiendo levemente, comenzando a caminar hacia el ascensor, lo cual le sorprendió ¿acaso ese lugar estaba perfectamente equipado? Suspiró con calma, llevando en las manos el sobre amarillo, sintiendo el viento frío rozar su piel apiñonada, provocándole un nuevo temblor. El frío invernal era terrible… y a pesar de que el traje era cálido, no lo era tanto para ese momento. O quizá era por las heridas y la sangre perdida que su cuerpo no estaba en condiciones de resistir tanto.

Tomó el ascensor con calma, aguantando la respiración por el leve mareo que lo golpeó cuando éste subió hasta el ático. Descubrió que los elevadores le mareaban, lo hacían sentir una sensación de asfixia bastante intensa y agradeció en el alma cuando la puerta se abrió; no obstante, salió calmadamente. Buscó la puerta “C” con la mirada, vislumbrándola de inmediato, así que dirigió sus pies hacia el lugar, algo nervioso, pero no lo dio a notar. Al contrario, suspiró dentro de su mente e intentó calmarse. El corazón le palpitaba con fuerza dentro del pecho, estaba nervioso, debía admitirlo… pero intentaba pensar que lo que fuera que sucediese en el lugar, no fuera tan malo. No podía serlo, ¿no?

Apretó los labios debido al nerviosismo, pero los relajó enseguida. Llevó su diestra en forma de puño a la puerta, pero antes siquiera de poder tocarla, la misma puerta se abrió sola. Los latidos de su corazón demostraron su sorpresa, mas no su rostro; por lo que, asintiendo ante la orden, se dirigió a donde le fue indicado, después de bajar la mirada. No le estaba permitido mirar a nadie a la cara a menos que se le fuera indicado, así le habían hecho saber, de tal manera que no observó los movimientos del pelinegro, pero sabía a dónde dirigirse, era como si una fuerza superior a él, lo estuviera guiando con una mano invisible. Se estremeció de nuevo cuando sintió un cambio en el ambiente, como más…pesado, como si fuera un cervatillo cercado por el cazador.

Se sobresaltó cuando las velas se encendieron en automático, ya que nunca había conocido nada tecnológico que permitiera eso… así que decidió pasarlo por alto, al igual que el sonido quedo de la puerta al cerrarse. Suspiró de nuevo en su mente y desechó dichos pensamientos de su cabeza, tomando el sobre con algo de temor , cosa que se vio reflejada en el tenue temblor de sus manos; pero haciendo caso de la orden, entregó el sobre al chico, haciendo una leve reverencia –Aquí tiene…mi Señor.. –susurró con su voz suave y dulce, inclinándose en señal de respeto, para después esperar a que lo tomara, levantándose leve, sin mirarlo aún a los ojos o al rostro. Tomó el lugar que le fue indicado y se sentó erguido, permitiendo con esto que las líneas de su cuerpo se delinearan debajo del traje. Acomodó las manos sobre el regazo, manteniendo la vista baja.
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